El Cañón del Chica Mocha.















La gran montaña aun sentía miedo por el hombrecito de viento –que con su mirada tórrida todo lo tocaba –. A las tres de la tarde comenzaron a temblar (en estos mismos aislados parajes) las campanas que siempre cuelgan de los camiones con cilindros de gas marca TAL. El hombrecito de viento fue para esa hora un vaporoso oso de pan, un mechón con ojos torpes que al verse con el hechicero de los ojos negros; originó tres abrazos y dos puñaladas que resultaron acomodándose socarronamente en esa parte del cerebro donde se recicla lo sentido.

Aquí pasa una etiqueta marca TAL sobre una corriente de aire y en el fondo se asume la presencia de una montaña que puede ser el cañón del chica mocha.

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